La caída del Muro fue sin duda el acontecimiento histórico más importante de la segunda mitad del siglo XX. Hasta ese momento la RDA fue exhibida por el comunismo como el paraíso socialista aun cuando el muro que impedía a sus ciudadanos escapar de tal paraíso era un absoluto anacronismo. Hoy se cumplen 30 años sin el muro de la vergüenza, la URSS ya no existe, pero el comunismo, a pesar de su gigantesca herencia de muerte, sigue teniendo muchos admiradores entre los países que en su día lo combatieron.

LA CONSTRUCCIÓN DEL MURO DE LA VERGUENZA

«Nadie tiene intención de construir un muro en Berlín», afirmó Walter Ulbricht, jefe de Estado de la República Democrática Alemana, apenas mes y medio antes de construirlo. La mañana del domingo 13 de agosto de 1961 los berlineses se despertaron delante de lo que se llamó en Occidente “el Muro de la vergüenza” y que en Oriente recibiría el nombre de “Muro de Protección Antifascista” (como ocurre hoy la izquierda radical llama fascismo a todo aquello que no sea su ideología). La construcción del muro se realizó para impedir la masiva y creciente fuga de ciudadanos que huían de la RDA socialista para pasarse al lado occidental.

A principios de los años cincuenta, miles de personas que vivían en la RDA trabajaban en la parte occidental de la ciudad, que ya albergaba empresas más numerosas y modernas. Conforme aumentaba la brecha entre ambos mundos, muchos de estos trabajadores se afincaron en el lado rico de Berlín. Sólo entre 1949 y agosto de 1961, cerca de 2,7 millones de alemanes orientales, lo que representaba el 15% de su población, huyeron del socialismo de la RDA. La mayoría de ellos eran trabajadores cualificados y estudiantes recién graduados. La situación se volvió insostenible en abril de 1961, cuando treinta mil personas cruzaron la frontera en un solo mes. La noche del 12 al 13 de agosto de 1961 Ulbricht convocó en su residencia de Wandlitz, a pocos kilómetros de Berlín, a los gerifaltes del Partido-Estado y les comunicó repentinamente el cierre de la frontera. Los políticos socialistas comprobaron que no era ninguna broma cuando de vuelta a sus casas se cruzaron con cientos de camiones y de tanques soviéticos ocupando las calles. Millares de albañiles, policías y soldados, muchos reclutados a la fuerza, participaron esa noche en la instalación de alambradas de púas y barreras fabricadas con farolas y vías de tranvía para separar Berlín en dos. Se eligió un sábado por la noche para evitar que, a la luz del día, se produjera una estampida hacia el oeste. Familias y amigos quedaron así separados de forma repentina. Se les dijo y así lo creyeron algunos con ingenuidad, que el muro solo iba a estar allí de forma provisional. En realidad se quedaría 28 años.

Nueve horas después de iniciarse las obras, la barrera estaba ya operativa. Lo que en los primeros días era una simple alambrada tomó la forma de un muro de cuatro metros de altura. La maquinaria de Honecker requirió solo una semana para tener listos cuarenta kilómetros de muralla alrededor del sector occidental, lo que un senador berlinés definió como similar a «la pared de un campo de concentración». Con el paso de los años, evolucionó en una magna obra de ingeniería, que incluyó el uso de planchas de hormigón con cables de acero incrustado y rejas de contacto que producían una descarga eléctrica al que se acercaba a ellas. También contó con 131 búnkeres, 272 áreas con perros policía y una «franja de control» («franja de la muerte») perfectamente iluminada y vigilada las veinticuatro horas del día por 302 torres, 11.500 soldados y cientos de perros adiestrados. Sus campos estaban además sembrados de minas antipersona.

LA PRIMERA VÍCTIMA

Un joven de 18 años, de nombre Peter Fechter fue la primera víctima del Muro al ser abatido a tiros cuando intentaba huir a Berlín occidental, donde tenía su casa y trabajo, el 17 de agosto de 1961, apenas 11 días después de que se levantara el Muro. Su plan consistió en esconderse junto a un amigo, en un taller de carpintería cerca del muro, desde allí observarían el movimiento de los guardias y saltarían por una ventana en el momento adecuado hasta el “corredor de la muerte”. Cuando llegó el momento de saltar e intentó escalar el muro, los guardias empezaron a disparar. Su “amigo” Kulbeik logró atravesar el muro pero a Peter Fechter le dieron. Peter cayó sobre el muro quedando a la vista de la gente del lado occidental, pero a los transeúntes del lado occidental no se les permitió ayudarlo. Tampoco recibió ayuda desde el lado oriental. A pesar de sus desesperados gritos no recibió ayuda médica de ninguna de las partes y se desangró hasta morir. Del lado oeste se formó una manifestación, les gritaban asesinos a los guardias fronterizos. La muerte de Fechter inspiró la famosa canción de Nino Bravo “Libre”.

Entre 1961 y 1988, más de 100.000 ciudadanos de la RDA intentaron huir a través del Muro de Berlín. Aproximadamente sólo 4.000 lo consiguieron.

CRONOLOGÍA DE LA CAÍDA

En la medianoche del 9 al 10 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín si bien todo comenzó unos días antes, con la visita de Mijail Gorbachov a la RDA a comienzos de octubre de 1989. Éste le solicitó a Honecker que aplicara las mismas reformas que Mijail estaba aplicando en la URSS, la llamada perestroika, obligado en parte por su colapso económico. Fue este mismo colapso y ante la negativa de Honecker, la que le obligó a retirar su apoyo económico a la RDA. Además los 400.000 soldados rusos que estaban allí desplazados, recibieron la orden de no disparar contra la población en las manifestaciones o si se producía una sublevación. La población, sabedora de que el régimen socialista de la RDA no contaba con el apoyo del Kremlin,  empezó a desafiar a la terrible Stasi con manifestaciones cada vez más masivas. El lunes 30 de octubre más de 250.000 personas vuelven a salir a la calle en Leipzig gritando: «¡Abajo el Muro!»

El 9 de noviembre el Gobierno de la RDA aprueba por la mañana un proyecto para permitir la salida del país. El gobierno le pasa una nota a Günter Schabowski, el jefe del Partido Socialista Unificado en Berlín y le insta a hacer pública la noticia.

En la rueda de prensa, Günter Schabowski, informó de que el Gobierno había ultimado un proyecto para permitir el paso de sus ciudadanos al sector occidental. Matizó que se concederían permisos temporales sin restricciones. Los periodistas interpretaron la noticia como una promesa inconcreta, pero su interés se despertó cuando Schabowski respondió a una pregunta de un corresponsal de la agencia Ansa sobre cuándo entraría en vigor la medida. «De inmediato», improvisó el alto funcionario. Esa misma noche, horas más tarde y ante la sorpresa del Politburó que encabezaba Egon Krenz, los berlineses del sector oriental empezaron a agolparse en el Muro. Ante la creciente presión de los manifestantes, el coronel que mandaba a los guardias armados consultó a su superior si debía permitir el paso, pero no obtuvo respuesta. Nadie quería asumir esa responsabilidad. Para evitar un derramamiento de sangre, aquel oficial optó por retirar los obstáculos. A partir de ese momento miles de personas irrumpieron por el paso de la Bornholmer Strasse tras la decisión de la Policía Popular de levantar las vallas. Cientos de miles de ciudadanos, que veían las imágenes por la televisión, salieron a la calle para trasladarse al lado occidental tras 28 años de permanecer encerrados en el que hasta ahora se consideraba el paraíso comunista.

Como ya hemos dicho, el general que mandaba los 400.000 soldados soviéticos en la RDA había recibido la orden de Mijail Gorbachov de no intervenir, mientras que Erich Mielke, el ministro de Seguridad y jefe de la siniestra Stasi, no sabía qué hacer. Los «vopos» que custodiaban la muralla blindada de más de 150 kilómetros que rodeaba Berlín Oriental, acosados por la multitud, decidieron que no merecía la pena disparar. Aquella noche la mayoría de sus habitantes cruzaron el Muro en medio de escenas de intensa emoción. Al otro lado, decenas de miles de berlineses salieron a abrazar a sus vecinos, a ofrecerles tabaco, bombones y bebidas alcohólicas, y a celebrar el acontecimiento.

El 11 de noviembre de 1989, Mstislav Rostropovich, coge su violonchelo y toma el primer vuelo hacia la ciudad alemana. Ni siquiera en su círculo más íntimo conocen sus intenciones. Una vez en la ciudad, pide prestada una silla y se pone a tocar a los pies del muro que durante décadas ha sido símbolo de división y que ahora los berlineses pueden cruzar libremente. Rostropovich era el músico más distinguido que había dado la Unión Soviética pero ahora vivía como exiliado. La causa fue el apoyo público que el chelista brindó al amigo y escritor Alexander Solzhenitsyn, cuyo retrato crudo de la represión estalinista había sido objeto de censura en su país.

Y ¿DESPUÉS?

En palabras de Francis Fukuyama, la caída del muro de Berlín significó el triunfo del capitalismo y el final de la Historia, pero la realidad es que sólo supuso el fin de la URSS y el comienzo de la degradación ideológica de Occidente. La Alemania, la Europa, de hoy son muy distintas a las de 1989. A partir de la caída del Muro de Berlín, Europa occidental comenzó un rápido y equivocado proceso de aperturismo ideológico, no exportando sus valores y principios, sino sufriendo un claro proceso de vaciamiento ideológico y moral. De repente el que había sido su gran enemigo ideológico durante 40 años, el comunismo, que había gobernado el Estado totalitario de la RDA,  pasó a ser considerado una alternativa política más. En España sin ir más lejos, el comunista Pablo Iglesias considera que: «la caída del Muro de Berlín fue una mala noticia para todo el mundo». Hoy la Unión Europea está en total decadencia: entre sus miembros han crecido ideologías contrarias a todo lo que ha representado como la ideología de género, ha renunciado a sus raíces cristianas, sus políticos han abrazado con pasión el populismo y la mentira, la percepción de inseguridad es mucho mayor que durante la Guerra Fría debido a la islamización de barrios enteros de sus ciudades como Molenbeek en Bruselas, Saint Denis en París,  Roubaix en Calais o Rosengård en Suecia, barrios en donde rige la Sharia y la policía no se atreve ni a patrullar. Hoy Europa sufre además un suicidio demográfico al que solo se enfrenta facilitando la entrada de inmigrantes irregulares en condiciones deplorables. Hoy Europa apuesta también por la cultura de la muerte y en lugar de promover la vida promueve el aborto, la eutanasia y el suicidio asistido.

Por supuesto que, a diferencia de lo que opina Pablo Iglesias, la caída del muro de Berlín fue una buena noticia para el mundo, pero tras ello, Europa y el mundo no pueden dar la espalda a los valores que en su día hicieron de la sociedad occidental la más avanzada y justa. El respeto a la vida humana, la dignidad de la persona, los valores en definitiva cristianos han desaparecido para dar paso a un relativismo que ha dejado a Europa sumida en una profunda decadencia y a merced de sus enemigos.  El comunismo renace con nuevas formas en buena parte de los países latinoamericanos y en partidos políticos que militan en la vieja Europa olvidando su sangriento pasado

No quiero acabar este artículo sin hacer una mención que parece de justicia ante estos acontecimientos que cambiaron el mundo. Se trata de mentar a uno de sus artífices, sino el principal. En un comentario póstumo tras la muerte del Papa Juan Pablo II, el historiador británico Timothy Garton Ash, un agnóstico liberal, indicó que si bien “nadie puede probar de forma concluyente que él (San Juan Pablo II) fuera la principal causa del fin del comunismo”, “las figuras más importantes en todos los bandos”, entre ellos el fallecido expresidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, “están de acuerdo en que lo fue”.

BIBLIOGRAFÍA

Pablo Iglesias criticando la caída del muro de Berlín

https://www.youtube.com/watch?v=2kZ_Mtgtznc

Muerte de Peter Fechter

https://www.youtube.com/watch?v=t7vU3I5dTUE

Rueda de Prensa de Günter Schabowski el 9 de noviembre de 1989 en la que confirma, por error, que los ciudadanos de Berlín Este pueden pasar a Berlín Oeste sin restricciones

https://www.youtube.com/watch?v=F1JD7D6VI0k

Canción de Nino Bravo “Libre” en honor a Peter Fechter

https://www.youtube.com/watch?v=SFTGFu91B6E

 

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