El pasado 18 de septiembre el Parlamento europeo aprobó una resolución (2019/2819 RSP) en donde se condena expresamente los horribles crímenes cometidos por los comunistas y los nazis en toda Europa sin excepción e insta a los gobiernos los países miembros a que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas. La resolución se produce en el aniversario del Tratado internacional entre Ribbentrop y Molotov, esto es, entre los nazis y los comunistas para repartirse Polonia en 1939, agresión que dio origen a la Segunda Guerra Mundial, la guerra más devastadora de la historia de Europa. Es una resolución histórica pues se trata de la condena del comunismo y del nazismo poniendo a ambas ideologías en el mismo lugar.

EL COMUNISMO, UNA MÁQUINA DE MATAR

Ninguna ideología ha matado tanto como el comunismo. Ni siquiera el Nacional Socialismo de Hitler con 17 millones de muertos a sus espaldas se acerca ni de lejos a los más de 100 millones de víctimas que ostenta el comunismo. A pesar de este terrible bagaje aun el comunismo subsiste y tiene sus defensores incluso entre algunos de los actuales políticos españoles. Hoy, las únicas dictaduras totalitarias que aún permanecen en el mundo son comunistas: Cuba, Corea del Norte, China, comunismo de corte tradicional, Venezuela, Nicaragua con el mal llamado comunismo del siglo XXI. Políticos españoles aun apoyan o son condescendientes con estos regímenes que aun perpetran asesinatos políticos y menoscaban las libertades de sus ciudadanos. Las naciones europeas del este que sí conocen en su pasado el azote de esta ideología y la han sufrido en sus carnes, tienen en cambio en sus respectivos territorios la prohibición de existencia de partidos comunistas.

Investigadores como el sueco Per Ahlmark o el demógrafo politólogo Rudolph Rummel han estimado los asesinatos políticos cometidos por los regímenes comunistas en todo el mundo en el periodo 1917-1987 en 110 millones de personas. Esto supone que dos de cada tres personas asesinadas en el siglo XX por motivos políticos o religiosos lo fueron en países comunistas. Posteriormente y a lo largo de los años, otros autores e historiadores como Stéphane Courtois, Nocilas Werth, Jean Louis Panne… han confirmado esta cifra. Uno de los mayores asesinos de la historia fue Josef Stalin, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1922 y 1952 y que desencadenó a partir de 1930 la llamada Gran Purga o Gran terror de Stalin, una serie de campañas de represión y persecución con millones de víctimas ejecutadas por delitos políticos muertos en gulags y en reasentamientos forzosos. Deportaciones masivas por razones políticas, étnicas o religiosas, con millones de muertos durante los traslados. En total, se le atribuyen aproximadamente 23 millones de muertes al líder comunista ruso. Precisamente los gulags o campos de concentración comunistas fueron la inspiración de los posteriores campos de la Alemania nazi. Otros líderes comunistas que exterminaron a su población fueron Mao Zedong en China (76 millones) o Pol Pot en Camboya, que torturó y asesinó a una cuarta parte de la población de ese país.

Volveremos más tarde con la figura de Stalin, el verdadero instigador del Frente Popular que propició la guerra civil española mediante dos golpes de estado y asesinatos masivos entre los años 1933 y 1939.

EL TERROR ROJO EN ESPAÑA Y EL ORIGEN DE LA GUERRA CIVIL

A George Orwell, autor de la novela política de ficción distópica «1984» se le atribuye la frase de que “la historia la escriben siempre los vencedores”. Durante 40 años de dictadura franquista la historia la escribió el régimen pero en la actualidad, la memoria histórica socialista pretende reescribirla en sentido opuesto. Nos quiere hacer creer que en 1936 se vivía una idílica y pacífica República y una mañana del 18 de julio unos curas “carcas” y unos militares fascistas se levantaron con el pie cambiado y dieron un golpe de estado, de ahí a una guerra civil y casi 40 años de gobierno autoritario. Pues no fue así. La realidad es que el Frente Popular de la II República, es decir socialistas, comunistas y sindicalistas, todos revolucionarios, con sus actos criminales propinaron un golpe de estado y una cruel represión y propiciaron el posterior levantamiento. De hecho, los padres espirituales de la República como Ortega y Gasset y Unamuno, defendieron el levantamiento de 1936 al ver la deriva que había tomado la República que iba derecha hacia una sanguinaria dictadura comunista impuesta y dirigida desde Moscú directamente por Stalin el genocida. Vamos al detalle:

La II República nace tras la dictadura de Primo de Rivera y la caída de la monarquía. Ya desde 1931 y durante el gobierno de Azaña se producen ya quemas de conventos, iglesias y bibliotecas en un clima anticlerical muy marcado e importado directamente desde Moscú. En las imágenes podemos ver las quemas de la iglesia y residencia de los Jesuítas en Mayo de 1931, de las monjas maravillas y de las mercedarias en Madrid. De ahí viene la famosa frase, tan de moda en manifestaciones de izquierda, de “arderéis como en el 36”. Se dice así para que rime ya que la quema de iglesias y conventos comenzó en 1931.

 

De hecho, ya en 1933, tras dos años de gobierno republicano-socialista nefastos y violentos se convocan unas elecciones que arrojan una victoria aplastante de la derecha por 5 millones de votos contra 3 de la izquierda. En estas elecciones pudieron votar por primera vez las mujeres en España, a pesar de la oposición del PSOE a que lo hicieran. Tras esta derrota, los partidos de izquierda con el partido socialista a la cabeza se decanta entonces por la revolución violenta haciendo caso omiso de los resultados, con la honrosa excepción de Besteiro. Con el socialista Largo Caballero, como instigador de las revueltas, aunque apoyado por toda la izquierda incluido el propio Azaña, se produce entonces un asalto al legítimo gobierno de Alejandro Lerroux que culmina en la mal llamada insurrección de Asturias ya que en realidad se extendió al resto de provincias españolas aunque sólo en Asturias triunfó arrojando un balance de 1400 muertos en 15 días. Un golpe de estado de la izquierda que algunos historiadores consideran el verdadero comienzo de la guerra civil pues estos acontecimientos no se pueden desligar de la posterior insurrección de Mola y Franco. Tras el fracaso de la citada intentona golpista, el Frente Popular “gana” unas elecciones cuyo recuento de votos nunca se llevó a cabo y destituye al presidente de la República Alcalá Zamora a la par que la quema de cientos de Iglesias, asesinatos de religiosos y de políticos y de votantes de derechas se suceden. En un mes fueron deliberadamente incendiados más de una treintena de iglesias y monasterios por parte de grupos de izquierda y las quejas de diversos medios fueron lo que provocaron la famosa respuesta de Manuel Azaña: «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano».

Toda esta violencia desatada por la izquierda culminó con el asesinato del principal líder de la oposición Calvo Sotelo por milicianos socialistas. El otro líder de la oposición, Gil Robles, se salvó de ser asesinado ese mismo día por no estar en casa. La documentación aportada por el socialista Francisco Vázquez así como los documentos que quedaron de la instrucción del caso (los quemaron), demuestra que las milicias de los partidos de izquierda, al mando de los principales dirigentes de las formaciones políticas, prepararon el asesinato de Calvo Sotelo, José María Gil Robles y Antonio Goicoechea desde el mismo momento en el que el Frente Popular llegó al poder.

Pero del carácter violento y revolucionaro del líder socialista del PSOE Largo Caballero dan fe la correspondencia mantenida con Stalin donde éste último insistía en que la vía en España podría ser la parlamentaria y la insistencia por el contrario de Largo Caballero en que la revolución y la violencia era la única vía. Largo Caballero abogó por el abandono de la «vía parlamentaria» en favor de la «vía revolucionaria» para alcanzar el socialismo mediante la violencia, desplazando a los más moderados como Besteiro de la dirección de la UGT y del PSOE, posición que se acentúa tras la derrota de la izquierda en las elecciones parlamentarias de 1933. En el discurso que Largo Caballero pronunció en la plaza de toros de Jaén el 5 de noviembre de 1933 durante un mitin electoral dijo lo siguiente:

“Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia´). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista»

La postura en extremo violenta y guerracivilista de Largo Caballero le valió el sobrenombre de «el Lenin español».

Este era el clima de violencia y “democracia” en la II República y estos son los personajes que aun conservan devociones, calles y estatuas en la España actual y del que presumen algunos socialistas del PSOE. Este mismo clima propició el levantamiento de los generales Mola y Franco en medio de matanzas de políticos de la oposición, católicos, religiosos y militares afines a la derecha.

ASESINATOS DEL COMUNISMO EN ESPAÑA

En la España gobernada por el Frente Popular se vivió un proceso de terror político que terminará cobrándose la vida de 70.000 personas y no precisamente por la lucha en el campo de batalla.

El 19 de julio de 1936, domingo: José Giral, recién nombrado presidente del Gobierno de la II República, autoriza el reparto de armas al pueblo. El «pueblo» son las milicias organizadas por los partidos del Frente Popular: socialistas, comunistas y anarquistas. Para obtener un fusil no se precisa más requisito que exhibir la documentación de uno de estos partidos o sindicatos de izquierdas o, incluso, manifestarse simplemente simpatizante. El objetivo de este reparto de armas no es el frente del recién alzado General Mola, ya que éste está muy lejos mientras que Franco, en África, lo está aún más. Ni los socialistas ni los anarquistas se movilizarán para el combate con esas armas que se distribuyen lejos del frente. De hecho, hasta la caída de Toledo, no se movilizará militarmente a estas milicias socialistas y anarquistas de Madrid. ¿Qué hicieron hasta entonces? Torturar y asesinar a civiles por sus ideas políticas o creencias religiosas. Exactamente lo mismo ocurrió en Barcelona.  En Cataluña el Frente Popular con el apoyo del nacionalista Lluis Companys disponían de 78.000 fusiles que no fueron al frente y que distribuyeron entre sus militantes para matar «fascistas» en las calles y en las casas.

Los “fascistas” eran religiosos de cualquier condición, políticos de la derecha, propietarios e industriales, militares sospechosos… Pero en muy poco tiempo, en un vértigo de sangre, la lista se amplía: ya no sólo los religiosos consagrados, sino también los ciudadanos de fe manifiesta; ya no sólo los políticos de la derecha, sino también sus votantes; ya no sólo los grandes propietarios, sino también el labrador, el comerciante, intelectual o periodista o el profesional liberal que vota a la derecha o incluso los republicanos demócratas. Aquí tienen una relación de solo algunos intelectuales, algunos de ellos republicanos demócratas, asesinados por el frente popular: PSOE, PC, UGT y ERC.

Pero no solo Madrid y Barcelona fueron objeto del terror del Frente Popular. En los trece días que van desde el 18 de julio hasta el final del mes las cifras de asesinatos en toda el área controlada por el Frente Popular son escalofriantes. Aragón, Cataluña, Levante, Murcia, Baleares, Andalucía, Extremadura, La Mancha, Asturias, Santander, País Vasco…

Los casos de ensañamiento salvaje serán relativamente numerosos en las áreas rurales, donde los comités de milicianos del Frente Popular se convirtieron en el único poder.

Hay un cierto consenso en que los fusilados, no en el frente, sino por sus ideas religiosas o políticas en la zona controlada por el Frente Popular oscila entre las 60.000 y 70.000 personas. Y no fueron solo en los años posteriores al levantamiento de Mola y Franco. Como hemos dicho, los asesinatos comenzaron antes incluyendo el del ya comentado líder de la oposición Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936, el cual fue amenazado de muerte por la líder comunista Dolores Ibárruri «La pasionaria» en el propio congreso apenas 1 semana antes. Todavía ni Mola ni Franco se habían levantado y de hecho lo hicieron como consecuencia de este clima de violencia extrema. Ya ven ustedes que el PSOE y el PCE en su historia también tienen y mucho de lo que avergonzarse.

En la imagen pueden ver cadáveres de religiosos en las calles de Madrid

O religiosas siendo detenidas para llevarlas a las «Checas» y aparecer días más tarde violadas y asesinadas.

Solo en Madrid había más de 300 “chekas”, lugares de torturas y asesinatos a civiles simpatizantes del otro bando o personas cuyo único delito era ser católicos. En Barcelona casi 200 “chekas” son conocidas.

Veremos si el nuevo Alcalde de Madrid, Martínez Almeida, y en base a esta resolución europea, no inaugura el Memorial a los Chequistas comunistas en el Cementerio de La Almudena, Memorial que iba a ir acompañado, por voluntad de los anteriores comunistas gestores de la Capital de España, con multitud de placas con los nombres grabados de los cientos de asesinos, torturadores y violadores de las Checas que aterrorizaron al Pueblo de Madrid, en el periodo de 1936 a 1939 durante el horrible terror rojo.

Paralelamente se produce ya durante la guerra, un expolio durante la presidencia de Largo Caballero y a instancias de su ministro de hacienda Negrín, la entrega de una gran parte del oro del Banco de España, que entonces era una de las mayores reservas del mundo, a Stalin el genocida comunista, siendo este posiblemente el mayor robo perpetrado al pueblo español de toda su historia.

PARACUELLOS

La noche del 6 al 7 de noviembre de 1936, daba comienzo en la zona republicana la mayor matanza perpetrada en la Guerra Civil Española. Unos 5.000 hombres, mujeres y niños fueron asesinados fríamente y arrojados a fosas comunes. Entre esa noche y el 4 de diciembre de 1936, bajo las órdenes del dirigente comunista Santiago Carrillo, entonces consejero de Orden Público, y bajo la responsabilidad del gobierno republicano, unos 5.000 hombres, mujeres y niños (276 menores) fueron sacados de varias cárceles de Madrid y llevados a Aravaca, Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz, donde fueron asesinados y enterrados en fosas comunes. El procedimiento era maquiavélico: los sicarios Andrés Urresola o Agapito Sainz se presentaban en la prisión con una «orden de libertad» firmada de puño y letra por Serrano Poncela, lugarteniente de Carrillo, pero después esos reclusos eran llevados en autobuses de dos pisos hasta las afueras donde delante de una zanja eran fusilados sin conmiseración para luego ser enterrados, algunos de ellos aún vivos.

QUÉ PIDE LA UNIÓN EUROPEA

La resolución que condena el comunismo señala que “en algunos Estados miembros siguen existiendo en espacios públicos (parques, plazas, calles, etc.), monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan los regímenes y personajes comunistas.” Ello apunta directamente a España pues aquí se mantienen homenajes y reconocimientos a organizaciones y figuras claramente comunistas y estalinistas como fueron las Brigadas Internacionales, Santiago Carrillo, Dolores Ibarruri, Largo Caballero, Juan Negrín e Indalecio Prieto, entre otros muchos.

Llegado a este punto quiero analizar el impacto que esta resolución va a tener en la propia España, pues aquí son los jaleadores del comunismo más radical los que llevan la voz cantante en lo que es Memoria Histórica y sus suculentas subvenciones, y para ellos sin duda la resolución supone una sonora bofetada ante la cual ni siquiera han podido o sabido responder ocultándose a la opinión pública española tan relevante noticia. No esperen que La Sexta, el País, TVE, la Vanguardia o la Cuatro hagan “un especial” sobre las matanzas provocadas por los comunistas en Europa y en España tras esta resolución del Parlamento Europeo. Ya hemos hablado en este blog del sesgo de lo «políticamente correcto» en los medios y la condena del comunismo no lo es, la del fascismo si.

EFECTOS DE LA RESOLUCIÓN EN ESPAÑA

El Parlamento Europeo “pide a todos los Estados miembros de la Unión, incluida España, que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas”. Pide también a todos los estados miembros que “conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo”, Por tanto insta a los Estados miembros, incluida España, para que adopten medidas relacionadas con esas declaraciones.

Aunque jurídicamente no es vinculante, el Tribunal de justicia de la Unión Europea ha declarado que las Jurisdicciones nacionales deben tener en cuenta este tipo de declaraciones al interpretar las disposiciones nacionales para asegurar su puesta en práctica.

Dudo mucho sin embargo que en esta España donde la ley de la memoria histórica impone una visión sesgada del pasado y donde los principales medios de comunicación tienen un claro sesgo de izquierdas, la citada resolución tenga ninguna consecuencia. Prueba de ello es que a diferencia de Europa, en España ha habido una escasísima repercusión de la resolución condenatoria del comunismo a pesar de que, como hemos comentado, aquí también el comunismo tiene en su haber decenas de miles de muertos.

Si, hay que condenar el fascismo, pero no menos el comunismo que cuenta con más de 100 millones de muertos a sus espaldas. Apliquemos la memoria histórica a todo o a nada. Calles, plazas, monumentos dedicados en España a Santiago Carrillo, la Pasionaria, Lluis Companys  o Largo Caballero tendría que ser tan retirados como los dedicados a Mola, Franco o cualquier figura franquista. Homenajes como el recientemente dedicado al Che Guevara (asesino y homófobo comunista) por parte de Pablo Iglesias tendrían que estar tan prohibidos como el enaltecimiento del franquismo, lo contrario es hacer lo que hicieron los franquistas durante 40 años pero al revés: reescribir la historia por los vencedores.

La constitución del 78 supuso mucho más que un nuevo régimen jurídico. Supuso la reconciliación de un pueblo. El perdón de unos y otros plasmado en la ley de amnistía de 1977, el cierre de unas heridas que llevaban abiertas casi 50 años. Dejémoslas cicatrizar. Dejen la historia a los historiadores y que los políticos no intenten reabrir viejas y dolorosas heridas. La memoria histórica ha de ser una memoria de perdón y olvido y de reconciliación sin rencor.

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