¿La vida no vale nada?

El domingo pasado, una chica holandesa de 17 años llamada Noa Pothoven, decidió morir dejando de comer y beber ante el consentimiento de familia y médicos que durante sus últimos días le acompañaron y ayudaron en su decisión.

¿La vida no vale nada?

La noticia fue publicada en diversos medios como una caso más de eutanasia cuando en realidad se trata de un claro caso de suicidio asistido.

 Lo primero que me llama poderosamente la atención es la insensibilidad de una sociedad, la holandesa, en cuyo seno se produce este hecho y donde apenas ha habido repercusión mediática del mismo. Paradójicamente ésta ha sido mucho mayor en medios de comunicación de países de tradición católica como España donde prácticamente todos los medios escritos han recogido la noticia siendo una de las más comentadas.

Como en todo, una sociedad, al igual que un individuo, se acostumbra a todo, hasta lo más macabro. Al igual que en la alemania nazi la población poco a poco se acostumbró a ver como cotidiano como secuestraban a familias judías de sus casas, en la Holanda del siglo XXI la eutanasia y el mal llamado «derecho a morir» está tan normalizada y asentada que ya ni llama la atención el suicidio asistido por su propia familia y médicos de una adolescente de 17 años con toda la vida por delante.

Desde que en Holanda fuese aprobada la eutanasia en 2002, el número de casos no ha parado de crecer. En el año 2017 la eutanasia fue aplicada a 6585 personas en aquel país lo que equivaldría por población a 3 veces más en España, unas 20.000 personas.. Pensad que en España donde mueren 50 mujeres por violencia de género al año, 4000 personas por suicidio, lo que supondría la muerte a manos de médicos de 20.000 personas cada año… ¿Quizá estamos ante una manera cruel y egoísta de equilibrar las cuentas públicas de un país eliminando al sector más débil y gastoso del presupuesto?

 

Noa expresó públicamente su deseo de morir, sumida en una depresión, familiares y médicos fueron incapaces por lo visto de ayudarla y al final, algo que me resulta difícil de entender, le apoyaron y acompañaron en una muerte cruel, de sed e inanición, pues la chica decidió dejar de comer y beber.

En Holanda los menores de edad pueden solicitar la eutanasia. Los padres han de dar el consentimiento para los que tienen entre 12 y 16 años, pero este no es necesario para aquellos que tienen entre los 16 y 17 años. Curiosa situación, en Holanda un adolescente de 16 años no puede votar ni beber alcohol ni conducir, pero si puede pedir la eutanasia no teniendo sus padres nada que decir si la administración se la concede…

Pero la cuestión es ¿Tiene alguien derecho a disponer de su propia vida porque considera que sufre mucho o que esta no tiene sentido vivirla o porque está aquejado de una enfermedad? 

Si concedemos ese derecho, si abrimos esa puerta, será muy difícil negar el derecho al suicidio pues si es el sujeto el que debe determinar qué vida tiene derecho a ser vivida y cual no, la percepción subjetiva de cada uno será la que impere y si le otorgamos ese derecho a una administración o a la familia de alguien inconsciente.. ciertamente solo de pensarlo da miedo.

Personalmente creo que la vida es un bien sagrado que hay que preservar pues es un bien en si mismo, por encima incluso de la voluntad del sujeto que decida arrebatársela a si mismo. No existe el derecho al suicidio como tampoco existe el derecho a ser esclavo o a ser explotado sexualmente aunque el sujeto lo deseara. Si no fuese así no tendría sentido poner vallas para evitar suicidios en los puentes o que la policía y los bomberos actuaran cuando alguien pretende hacerlo, como tampoco tendría sentido las multas a motoristas por no llevar casco. Es su riesgo, en su vida y su decisión…

Nuevamente estamos ante el gran debate de nuestra sociedad actual. ¿Existe una ley natural o todo ha de ser decidido por consenso? Si por consenso decidimos que la vida no es un bien absoluto a proteger la eutanasia, el aborto y la eugenesia poco a poco se abren y abrirán paso en nuestra sociedad pues terminará imponiéndose un utilitarismo que mira a un niño no nacido, a un síndrome de Down o a un anciano como partes inútiles e incómodas de una sociedad..

 Si pensamos que las leyes y la justicia nos las damos por consenso y no hay una ley natural no podemos cuestionar a personajes como Hitler, elegido democráticamente en las elecciones federales de Alemania en 1933 como tampoco a sus leyes antisemitas, aprobadas por un parlamento, los legítimos representantes del pueblo… Estamos ante lo que El papa Benedicto XVI denominaba la dictadura del relativismo. La mayoría impone sus ideas y sus leyes ante una minoría, lo bueno y lo malo se decide por consenso y por tanto estará sujeto a modas y conceptos como la vida no tendrán salvaguardia si las leyes determinan que no debe ser protegida.

Goebbles, ministro de propaganda nazi, bien sabía además que la opinión de la mayoría es fácil de cambiar. Una mentira dicha una vez es mentira, difundida muchas veces genera duda y repetida incesantemente se convierte en certeza. Si la ley natural no existe, los poderes públicos pueden así cambiar por ingeniería social las opiniones mayoritarias.

Noa no tenía derecho a morir con 17 años perdiendo toda una vida tan solo porque estaba aquejada de una depresión profunda. Sus padres tampoco tenían el derecho de ayudar a cometer semejante barbaridad a su hija, sino más bien, tenían la obligación de impedirlo. Los médicos que le asistieron cometieron traición a su juramento hipocrático pues su destino es curar y no matar

¿La vida no vale nada?

Es probable que de haber recibido ayuda y sobretodo mucho cariño Noa pudiera haber superado su depresión e incluso ayudado en un futuro a personas que, como ella, no podían ver la luz en medio del túnel. Nunca sabremos el bien y el cariño que Noa ha dejado de dar y recibir por haber decidido morir.

D.E.P

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