El congreso de los diputados aprobó hace pocos días la octava ley educativa del periodo democrático por una diferencia de un solo voto. Lo primero que llama la atención en nuestro país es el elevado número de leyes educativas nacidas en democracia. O bien nuestros legisladores son unos incompetentes por no ponerse de acuerdo sobre las cuestiones fundamentales de la educación, asunto a todas luces prioritario en cualquier nación, o bien, y esto es lo que me parece a mi, son sectarios que usan la educación como arma arrojadiza y mucho me temo, como arma de ideologización de nuestros niños y jóvenes. Desde luego la nueva ley en esto no es una excepción, sino más bien el máximo exponente de ello. Se trata de una ley tramitada deprisa y corriendo, sin consensuar un solo artículo, absolutamente nada, ni con la oposición ni con los sectores implicados, (ni con docentes, ni con la educación concertada ni con los centros de enseñanza especial). Esta falta de consenso resulta ser algo absolutamente inédito y que habla bien a las claras del carácter autoritario de este Gobierno también en materia educativa.  Conocida como la ley “Celaá”, esta ley asegura la desaparición en 10 años de los centros de educación especial, muy a pesar de las miles de familias que acogen, acaba además con la libertad de elección de los padres que prefieren la enseñanza concertada (ya saben, los hijos de ninguna manera pertenecen a los padres) , desincentiva aun más el esfuerzo y la excelencia y para remate, acaba con el castellano como lengua vehicular en la enseñanza de nuestro país, esto último una clara cesión para comprar los votos de los nacionalistas catalanes y vascos.

Ciertamente nunca se actuó con tanto desprecio hacia la comunidad educativa y no es de extrañar por el perfil de los socios de Sánchez que están más en demoler el actual sistema que en perfeccionarlo incluso con Bildu ya incorporado en la dirección del Estado (recuerden, “nosotros vamos a Madrid a demoler el sistema”) y con ERC brindando por la defunción del castellano en el sistema educativo catalán.

EL ESPAÑOL DESAPARECERÁ DEL SISTEMA EDUCATIVO DE ALGUNAS CCAA

Realmente ya lo estaba. En Cataluña es a día de hoy totalmente imposible encontrar un sólo centro público donde se eduque en español. Si tienes suerte quizá encuentres uno que otorgue 2 horas a la semana a la que es la segunda lengua más hablada del mundo. Y que se haya llegado a esto, queridos lectores, es algo que no es una dejación exclusiva del PSOE ya que el PP ha tenido mucho que ver en ello mirando siempre hacia otro lado y permitiendo ambos hacer y deshacer a los partidos nacionalistas. Se hace caso omiso así a las propias recomendaciones de la Unesco:

«El uso de las lenguas maternas en el marco de un enfoque plurilingüe es un componente esencial de la educación de calidad, que es la base para empoderar a las mujeres y a los hombres y a sus sociedades. la enseñanza impartida en una lengua distinta de la materna puede tener un efecto negativo en el aprendizaje de los niños, especialmente de aquellos que viven en situación de pobreza»

Irina Bokova, Directora General de la UNESCO

No importa que procedas de otra parte de España y vayas a estar destinado por trabajo solo uno o dos años, no importa que tus hijos tengan como lengua materna el castellano (mayoritaria por cierto en los hogares catalanes), no importa que los padres deseen que sus hijos sean educados en español. No importa nada de ello porque tus hijos en Cataluña serán educados exclusivamente en catalán.

Pero si esa es la triste situación actual ¿Cuál es la diferencia que introduce ahora la ley Celaá?

Montse Bassa (ERC), la misma que dijo que «le importaba un comino la gobernabilidad de España», lo explica perfectamente: “Con esta enmienda conseguimos que se pueda enseñar español en Cataluña, pero voluntariamente, como cualquier otro idioma extranjero, como el inglés o el francés” (sic). Será una lengua extranjera más e igual que puedes llevar, si te lo puedes permitir económicamente claro, a tus hijos a un colegio alemán (los hijos de Montilla por ejemplo) o inglés, podrías, si es que lo hubiera que no lo hay, llevarles a un colegio privado español.

LEY CELAÁ: MENOS LIBERTAD, MENOS ESPAÑOL Y MENOS ESFUERZO

La gran diferencia está en que, ahora con la ley Celaá, las pocas familias que hasta ahora se han revelado y que han recurrido a los tribunales ahora no podrán hacerlo. Estas familias ya no podrán denunciarlo tal como han hecho hasta ahora dándoles, por cierto, la razón en casi todas las sentencias los tribunales frente a una sectaria Generalitat. Estas familias se quedan solas y si quieren que sus hijos estudien en castellano, tendrán que emigrar. 

Todo ello convierte a España en el único país occidental en el que no existe el derecho a escolarizar en la lengua oficial del Estado que además es lengua materna mayoritaria,  para una gran parte de la población y en donde ni siquiera ya, se podrá recurrir a los tribunales para reclamar ese derecho.

LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

La superación de cursos, incluso con asignaturas suspendidas, será una constante del alumno a partir de ahora. La repetición de curso será algo absolutamente excepcional que el centro escolar deberá de justificar. Ciertamente es una buena manera de acabar con el elevado fracaso escolar que existe en España. Todos aprueban sepan lo que sepan. Permítame sin embargo hacerle un vaticinio. Lejos de disminuir el fracaso escolar en España, con esta ley, paradójicamente, aumentará, porque en el espíritu humano hay una constante. Cuanto menos se exige menor será la capacidad de los estudiantes y hasta el más mínimo obstáculo les parecerá infranqueable. Es la imposición de la mediocridad disfrazada de pretensión igualitaria.

En cualquier caso, el perjudicado será el estudiante que en un mundo cada vez más globalizado, se medirá con estudiantes de otros países. Nuestros chicos tendrán que competir con chavales surcoreanos, alemanes, norteamericanos, británicos, chinos, finlandeses.. No he citado estos países por casualidad pues sus sistemas educativos son duros y exigentes y están basados en el esfuerzo, la excelencia y desde luego la exigencia a la hora de pasar de curso. ¿Se imaginan que en estos países permitieran pasar de curso a todos los estudiantes si o si, otorgando títulos a alumnos con 6 suspensos? Díganme, ¿Tras una generación, ¿Qué titulo valorarían más, el español o el alemán quizá? ¿Qué tipo de estudiantes se van a encontrar en las facultades españolas al cabo de unos años? Luego seguirán diciendo que tenemos las nuevas generaciones mejor preparadas de la historia, como también decían que teníamos la mejor sanidad del mundo.

Nos estamos convirtiendo a pasos agigantados en un país mediocre, con una sanidad que ha demostrado ser mediocre, una Universidad mediocre (ninguna de las españolas figura entre las 100 más prestigiosas del mundo), una industria mediocre y en franco retroceso, una calidad democrática más que deficiente con una separación de poderes que va a menos a ritmo galopante y una casta política deplorable. Por supuesto, y más con esta ley,  seguiremos ofreciendo como única alternativa a los jóvenes emigrar o ganarse el sueldo tirando cañas en chiringuitos. Seremos, todavía con más motivo, un país de servicios a ciudadanos de terceros países que sí tienen industria, tecnología y sobre todo un sistema educativo exigente basado en el esfuerzo y la excelencia.

LOS CENTROS DE EDUCACIÓN ESPECIAL 

Respecto a lo que representa esta ley para los centros de educación especial, nada que añadir a lo dicho por un conocido padre de un alumno de uno de estos centros. Son dos minutos que merecen la pena.

LO QUIERO PARA LOS DEMÁS PERO NO PARA MI.

En educación pasa algo similar a lo que ocurre en la sanidad. ¿Se acuerdan del nombre de más de un alto cargo socialista que, cuando enfermó de COVID, fue a tratarse a la sanidad privada y no a la pública? Pues resulta curioso que muchos de los altos cargos socialistas lleven o hayan llevado a sus hijos a colegios privados y concertados. Hasta la propia ponente que da el nombre popular a la ley, la ministra Celaá, llevó a sus hijas a un colegio de élite católico que en su día era privado y ahora es concertado. La pregunta es ¿Por qué quiere para los hijos de los demás lo que no ha querido para los suyos? Es curioso también el hecho de que 10 de los 18 ministros de este gobierno se formaron en colegios concertados o privados, muchos de ellos religiosos. Si han llegado a lo más alto parece que el modelo educativo de estos centros no era tan malo.

LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD

Esto es lo que coreaban los diputados de centro derecha mientras se debatía la ley Celaá en el congreso. ¿Tan difícil es entender que permitir que los padres eduquen a sus hijos en el colegio que deseen de acuerdo a sus convicciones es libertad? ¿Tan difícil es entender que los padres tienen derecho a elegir un colegio de habla catalana, castellana, inglesa o alemana para sus hijos si así lo desean? ¿Tan difícil es entender que hay muchos padres que quieren que sus hijos con fuerte discapacidad, sigan en centros de enseñanza especiales donde les atienden todas sus necesidades y que la libertad es respetar su deseo? ¿Tanto cuesta respetar la libertad y el deseo de familias en contra del sectarismo de un modelo de educación que más se parece al de otras épocas de la vieja Europa del este? ¿Por qué tanto miedo a dar libertad de elección a padres? Seguimos caminando en este país en la dirección de la eliminación de derechos y libertades fundamentales. Este es el resumen de la ley Celaá:  menos libertad, menos español y menos esfuerzo. A esta ley le seguirán otras en un futuro próximo que apuntarán hacia lo mismo. O nos movilizamos todos o España va a terminar siendo una segunda república bolivariana. Tiempo al tiempo.

 

 

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