Cuando éramos niños todos soñábamos con llegar a ser algún día famoso o alguien importante para el mundo. Un futbolista, un investigador, un cantante o … La meta soñada era ser un súper héroe de la vida, querido y admirado por todos. Algo así como un Rafa Nadal o un Miguel Induráin. Años más tarde, superada la niñez, la mayoría de nosotros nos damos cuenta de que nuestra vida será una vida sencilla, nada conocida por las multitudes e ignorada por el gran público. No daremos nunca una conferencia multitudinaria, ni saldremos por la televisión, ni jugaremos en el Santiago Bernabeu, ni seremos súper héroes para nadie…   pero también nos damos cuenta de que esto no es lo verdaderamente importante de la vida. El matrimonio, la familia y la paternidad traen consigo una nueva forma de mirar a la vida, una nueva oportunidad, esta vez más importante y esencial, de ser un súper héroe que deje huella en los corazones de los tuyos, de los más cercanos. A medida que la vida va avanzando te das cuenta que lo importante es ser un súper héroe para los tuyos, para la mujer, para el marido, para los hijos, para los amigos. Un súper héroe del amor y del ejemplo que llene los corazones de la gente cercana.

EL VERDADERO SÚPER HÉROE

En lo profesional es cierto que lo más probable es que no pasemos de ser medianamente competentes en nuestro ámbito, pero en general sólo seremos conocidos por los inmediatos compañeros de trabajo. En ese ámbito sin duda también podemos dejar una buena impronta de compañerismo y buen hacer, pero es en lo personal donde hemos de aspirar más que nunca a convertirnos en el súper héroe soñado en la niñez y perfeccionado en nuestra edad adulta, capaz de arrancar siempre la sonrisa, el buen humor y la alegría de los que conviven con nosotros y que ocupan realmente un lugar importante en el corazón.

Los hijos crecerán y habremos de dejarles un legado de buen ejemplo, de cariño, sacrificio y de respeto a nuestro cónyuge y hacia ellos mismos. Ellos deberán ver cómo envejecemos juntos viéndoles crecer, mientras en nuestro camino en común somos compañeros y amantes que se han querido, apoyado y amado más que nada ni nadie en el mundo. Ese ejemplo perdurará en sus vidas para siempre y sabrán trasladarlo sin duda a sus futuros hogares.

Súper héroes también para los amigos, que se habrán de quedar con el recuerdo de una amistad inquebrantable y fiel que sabe perdonar y sabe también agradecer. “Alejandro, ¿dónde están tus tesoros?” dice la leyenda que le preguntaban al gran guerrero sus capitanes en el lecho de muerte; él callaba una y otra vez. Pero al final les respondió: “en los bolsillos y corazones de mis amigos”.

Podemos así convertirnos en esos súper héroes con los que soñábamos ser cuando éramos niños y aunque nuestro público sea escaso, resultará ser el más importante, el único de hecho importante para nuestras vidas.

Cuando los hijos nacen, el sentimiento de proteger lo más frágil y lo más querido va dando paso a la alegría indescriptible de crecer juntos, enseñando los primeros pasos, las primeras palabras, los primeros achuchones y los primeros “te quiero”. Más tarde, los hijos crecen, y te das cuenta de que ven a su padre como el súper papá que todo lo puede y todo lo sabe. Se sienten seguros mirándote y aunque para las demás personas de la calle seas un vecino más, para tus hijos eres un súperman con capa, vestido de papá. Y los años pasan y la adolescencia traerá cambios, lo que antes era dogma infalible ahora se transforma en palabras cuestionadas de padre, pero si el cariño y el ejemplo persisten, más pronto que tarde volverán a ver en ti al súper papá que con todos sus defectos, luchaba por dar un buen ejemplo, una buena educación y sobretodo un legado de honradez, cariño y coherencia.

LA SOCIEDAD DEL YO Y DE LOS DERECHOS SIN OBLIGACIONES

Aspirar a ser súper héroe para los tuyos, los más cercanos, parece entrar en contradicción con el mundo que nos ha tocado vivir. Es un mundo de los derechos y no de las obligaciones, que comienza a transmitirse desde bien pequeño a través de una educación equivocada en donde, a los más pequeños, se les da de todo y no se les exige nada. Mundo en el que el culto al yo se manifiesta en todos los niveles: El empresario solo piensa en la obtención de beneficios sin importar el bienestar de sus trabajadores ni la calidad del servicio que aporta a la sociedad, el trabajador mira con desdén al empresario al que ve como un enemigo que cercena sus derechos y le explota sin darse cuenta de que también es alguien que se juega su dinero y genera el trabajo del que vive, el ciudadano que vive en la región rica cree que tiene el derecho de que no le quiten el dinero para transferirlo a regiones pobres del mismo país apareciendo los nacionalismos identitarios.

Cójanse ustedes cualquier libro de autoayuda, de los que proliferan en las estanterías de los centros comerciales. Son todos ellos una exaltación del yo. “Déjate llevar”, “Haz lo que te gusta”, “Tu felicidad está a tu alcance” “Sé tú mismo”. Como grandes males de la humanidad el cardiólogo Valentín Fuster señala el egoísmo, el egocentrismo y la envidia, “que van por el camino contrario de lo que es la efectividad para un mundo mejor. Es un problema que se debe abordar desde la infancia, y educar a los niños en la importancia que tienen para la sociedad”.

Si se hace una encuesta la aspiración máxima y última en la vida del 90% de las personas es ser feliz en esta vida. Sin embargo a esto se opone Leo Rosten cuando afirma que “No puedo creer que el objetivo de la vida sea ser feliz. Creo que el objetivo de la vida debe consistir en ser útil, en ser responsable, en ser compasivo. Es, ante todo, importar, contar, apoyar algo, dejar huella de que has vivido”

Si verdaderamente lo que nos debe mover en la vida es “ser felices”, al menos como humanamente se entiende la felicidad, personajes como la Madre Teresa de Calcuta no habrían tenido cabida. Una vida dura y sacrificada en pos de mejorar la de los demás sería absurda. Ella afirmaba que no podemos permanecer impasibles antes la verdadera epidemia que asola nuestro mundo.

LO QUE DE VERDAD IMPORTA

Ya les he hablado en otras ocasiones del estudio llevado a cabo por una enfermera de cuidados paliativos y enfermos terminales, Bronnie Ware. Tras décadas de asistir a personas en sus momentos finales describió en su libro la lista de los principales arrepentimientos que tiene la gente antes de morir. En ningún caso está el no haber trabajado más, de hecho afirmaban en muchos casos arrepentirse de ello. Son los afectos y los instantes pasados con las personas más cercanas lo que en ese momento más les llena y más hubieran deseado haber tenido más en la vida.

La verdadera riqueza es la que procuramos para los otros, es lo mejor de nosotros que queda y quedará en ellos. No como fruto de una declaración sentida sino como resultado de pequeños afectos entregados un día y otro.

Los años pasarán y antes de que nos demos cuenta, llegará el atardecer de nuestras vidas donde en palabras de San Juan de la Cruz,  se nos juzgará por el amor. Habremos conseguido nuestra meta, ser los súper héroes de los nuestros y dejar una huella imborrable en ellos que se transmitirá a la siguiente generación. Los hijos de los hijos dudarán de quién era Rafa Nadal o Miguel Indurain pero les seguirá llegando una buena dosis del amor de un súper héroe que perdurará a través del tiempo.

Queridos y apreciados lectores, me despido con una cita de la colosal heroína antes citada.

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