Al despropósito de los variopintos juramentos en el congreso para acatar nuestro mayor marco normativo, la constitución, hay que añadir el descarado sesgo para informar de la cumbre del clima y los ya clásicos insultos de los iconos de la izquierda, en este caso Bardem, multimillonario que vive en un enorme ático de la calle más exclusiva de Madrid, pero que se permiten el lujo de llamar estúpidos a los que nos representan pero que no comulgan con sus ideas. Este es el balance de una semana “progre” más que aguantar con paciencia.

¿LOS JURAMENTOS DEL CONGRESO?

La norma es clara. Todo representante del estado ha de tomar posesión jurando lealtad a la constitución, pero una vez más el sainete ha sido mayúsculo. Unos lo han hecho por las 13 rosas, otros por los presos políticos (que en realidad son políticos presos por intentar reventar el marco legal), otros por los exiliados (que en realidad son huidos de la justicia), otros por la república catalana (que como dijo el pobre mosso expedientado no existe), otros por la España vaciada (supongo que terminarán haciendo un decreto obligando a la gente a permanecer en pueblos de 50 habitantes) y otros por la gloria de su padre. Es triste compararse con los países más serios y que más respeto tienen a su marco jurídico pero en los EEUU en el 2008 Obama tuvo que repetir su juramento porque se equivocó en un solo adverbio. No fue precisamente el detestable Trump quien quiso repetir su juramento por alejarse en una sola palabra sino el mismo Obama quien quiso hacerlo y es porque se sabe pertenece a un país en el que se tiene el máximo respeto por la ley y las normas. Ese quizá es uno de los problemas de esta España, las normas se interpretan de cualquier manera, cuando no se incumplen de forma flagrante. Ya en Cataluña desde hace muchos años, la propia administración empezó a incumplir las mismísimas resoluciones judiciales en materia lingüística y de enseñanza. Daba igual que los tribunales provinciales dieran la razón a unos padres acosados por la dictadura lingüística o que se la diera el mismísimo tribunal supremo, que las resoluciones no se cumplían por parte de quien ostentaba la representación del estado, algo que se permitió desde los poderes públicos. De esos lodos vienen estos barros y ahora ya los mismos parlamentos regionales y administraciones que antes no cumplían resoluciones judiciales ya se saltan sus propias leyes y las de mayor rango jerárquico de la nación.

Mientras en España no tengamos respeto por la ley y las normas que nos hemos dado todos empezando por quienes nos gobiernan que son los que más ejemplo han de dar, el país no puede ni podrá ser nunca un país serio. El circo que se ha montado, una nueva legislatura más, en el congreso por lo que se supone son juramentos de lealtad a la constitución deja a las claras que este país tiene una clase política deplorable.

No quiero con todo esto decir que la constitución no se pueda o se deba cambiar, pero siempre hay que hacerlo dentro de la ley. Un partido puede defender cosas que contravienen el marco normativo siempre y cuando lo haga proponiendo el cambio dentro del mismo marco normativo y con los mecanismos previstos por la carta magna. Lo contrario nos lleva a la selva. Tanto VOX como ERC quieren cambiar la constitución, pero la gran diferencia entre ellos está en el cómo. Saltarse la ley a las bravas, la que democráticamente nos hemos dado todos, es dinamitar la esencia misma de la democracia.

GRETA Y LA CUMBRE DEL CLIMA, AHORA EN ESPAÑA

Una nueva cumbre del clima más que solo sirve para mucha palabrería de quienes quieren comprometerse en supuestamente proteger al planeta de más emisiones pero que en realidad lo que hacen es no parar de viajar en avión de cumbre en cumbre con cargo a los presupuestos  públicos que pagan sus clases trabajadoras. Esta vez la cumbre ha sido en España y por supuesto la izquierda y los medios que le siguen, que son mayoría, no han dejado de criticar a los ausentes si bien solo se han fijado en dos de ellos: Trump y Bolsonaro. Ni una sola crítica a Merkel o a Macron o a tantos otros por no estar cuando en realidad los primeros no tienen por qué ir a una cumbre sobre algo en lo que no creen y los segundos, supuestamente comprometidos, si deberían haber estado. Pero no, las críticas han ido siempre a los mismos y la gente se ha quedado con que son los grandes ausentes. Ni palabra de las otras grandes ausencias que, dicho sea de paso, son cada vez más.

En cuanto a la difusión de los medios de la cumbre, ni una sola mención a la carta que 500 científicos mundiales de reconocido prestigio han escrito al secretario general de la ONU criticando la supuesta emergencia climática. Nada, ni una, como si no existiera voz discordante. Ya hemos hablado en este blog del claro sesgo de los medios de comunicación que ponen el foco solamente allí donde quieren que miremos y con la perspectiva que quieren que tengamos. Mientras no haya un centenar de canales de TV de diferente ideología donde escoger libremente, sino un oligopolio monopolizado por la izquierda, seguiremos sufriéndo este sesgo.

NO ES ECOLOGISMO SINO IDEOLOGÍA

Cuando uno mira las consignas y pancartas que se destilan en estas cumbres, uno comprende por qué la izquierda ha abrazado ahora esta causa del cambio climático. Esto no va de ecología, va sobretodo de ideología. El mismo icono Greta Thunberg afirma que “Los sistemas coloniales, racistas y patriarcales de opresión han creado y alimentado la emergencia climática. Necesitamos desmantelarlos a todos» ¡Vaya! Ahora resulta que las sociedades patriarcales son las que contaminan cuando en realidad el país más contaminante del mundo, el que más CO2 emite a la atmósfera es China, un país comunista. En realidad de lo que se trata es de eso, de abrazar una nueva religión, la del cambio climático, que pretende elevar hasta límites insospechados el poder de los gobiernos para determinar el estilo de la vida que deberían llevar los ciudadanos, empezando por la forma de consumir y producir energía, bienes y servicios y de paso llenarse la cartera con nuevos impuestos verdes de todo tipo destinados a exprimir, una vez más, al ciudadano medio y a la clase trabajadora. Porque díganme ¿Quiénes pagan los nuevos impuestos al diésel? Los de siempre, los que no pueden cambiar de coche y comprarse uno eléctrico o híbrido último modelo, cosa que sí pueden hacer multimillonarios como Bardem. Claro, él critica la flexibilización de Madrid Central porque él si puede tener cuantos coches híbridos o eléctricos desee. Todo vale para salvar al planeta. Estos nuevos impuestos, los que ya están y los muchos que vienen a esquilmar siempre a los mismos bien lo vale el Planeta.

En realidad se trata pues de eso. De batir al viejo enemigo que no es otro que el de siempre, el malvado «capitalismo». Si antaño el capitalismo era el culpable de la «explotación» que sufría la clase obrera, hoy, ante el innegable enriquecimiento y bienestar que ha generado dicho modelo, el capitalismo es culpable de la desaparición del Planeta, de ahí que la toda la izquierda, especialmente la más radical, haya abrazado con fuerza la causa del calentamiento climático.

Pero frente al supuesto consenso científico que, por mucho que se diga lo contrario, está muy lejos de ser unánime más, de 500 científicos y profesionales de reconocido prestigio han aprovechado la Cumbre del Clima para recordar, una vez más, que «no existe emergencia climática». En su manifiesto destacan, entre otras cosas, que los factores naturales, no exclusivamente antropogénicos, causan calentamiento; que éste, además, es mucho más lento de lo pronosticado por el panel de expertos de la ONU (IPCC), que la política climática se basa en modelos de medición y previsiones inadecuados, que el CO2, pese a su mala fama, es la «base de toda vida en la Tierra», que el calentamiento global no ha aumentado los desastres naturales y que ha habido periodos en la tierra en donde de forma natural el mismo CO2 ha sido mucho más alto.

Las fuertes restricciones planteadas, junto con el fuerte encarecimiento de la energía, por el contrario, obtendrán como resultado un mayor empobrecimiento económico y un encarecimiento de la luz y la fiscalidad. Tan sólo el impuesto al CO2 que defienden Thunberg y los suyos costaría la friolera de 60.000 millones de euros al año a los españoles, equivalente al 12% del gasto público total. Se trata pues de vestir a la mona de seda y de incrementar la presión fiscal enormemente sangrando más a las clases medias, ahora con la excusa de que de no hacerlo, el planeta perecerá.

Es constatable de hecho que el precio de la electricidad se ha disparado allí donde los gobiernos han apostado firmemente por las energías renovables, como es el caso de España, con una subida próxima al 70% en la última década, Alemania, con un 51% extra durante su expansión solar y eólica entre 2006 y 2016, o Dinamarca, donde el precio se ha más que duplicado desde 1995, cuando intensificó el despliegue de renovables. La energía solar y eólica sigue siendo muy cara y desde luego la detestable para la izquierda energía nuclear, cuyo pecado son los residuos (como si los millones de baterías que habría que cambiar cada 10 años de un parque automovilístico eléctrico no lo fueran) va siendo sustituida, aunque sea con mucho la fuente energética más barata.

El discutido cambio climático antropogénico esconde por tanto dos claros peligros: el primero, el regreso del socialismo más intervencionista y ruinoso bajo la excusa del cambio climático y el segundo, el empobrecimiento de la población, con especial incidencia en el Tercer Mundo y en las clases medias, debido a las subidas de las tarifas de la luz y la fiscalidad.

Junto al Gretta, el otro vocero de la manifestación de Madrid en la que por cierto se exhibían grandes pancartas contra el liberalismo y el capitalismo, era Bardem, el multimillonario de izquierdas que ha elegido residir a medio camino entre el país capitalista por excelencia, EEUU y un ático de súper lujo en la calle más elitista de Madrid, pero que se permite llamar estúpidos al presidente del país donde ha residido y al alcalde de la ciudad donde reside. Este es el respeto que tienen por la democracia cuando la democracia no les da la razón. En fin, una semana “progre” más en nuestra querida España.

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